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Historia de un crack: La mente de un ganador

Lautaro Martínez tiene una historia notable. Miembro de una familia de deportistas, el Toro, como lo apodan desde chico, deslumbró a todos por su potencia pero también por su mentalidad y su forma de actuar en la vida. Aquí, su historia.
sábado, 27 de junio de 2020 · 18:24

Lautaro Martínez nació en Bahía Blanca el 22 de agosto de 1997. Su padre Mario, su madre Carina y sus hermanos Alan y Jano, componen una humilde familia apasionada por el deporte.

Desde sus inicios, un pequeño Lauti acompañó a su padre Mario por sus travesías en el ascenso argentino. Los vestuarios fueron el hábitat natural de este chico que siempre tuvo claro sus sueños y desde sus primeros pasos hizo todo por lograrlos.

Poseedor de una potencia impresionante, una pegada que hasta hoy deslumbra al mundo y una mentalidad ganadora única, el Toro debutó a los 15 años en el club Liniers de su ciudad natal. Y como no podía ser de otra manera, a los pocos minutos ya había anotado el descuento de su equipo que perdía 2-0. Debut de crack, para un futuro crack.

Lautaro Martínez hizo un gol en el debut de Liniers de Bahía Blanca

Su disciplina y capacidad goleadora lo llevaron rápidamente a su primer gran paso. Lautaro debió mudarse con 16 años a la ciudad de Avellaneda. La pensión de Racing, repleta de gente desconocida sería su casa y para un chico familiero que era conocido por todos en Bahía, fue realmente duro.

Además, le tocó vivir momentos muy difíciles. Es que su hermano Alan, quien hoy es jugador de fútbol en el Federal B, comenzó a sufrir la ausencia de su compinche principal y hasta tuvo ataques de epilepsia que pusieron en duda la continuidad de un Lauti adolescente, que ya rompía redes en el torneo de 6ta división de AFA, lejos de su familia.

En ese momento, su padre opinaba sobre el tema en alguna entrevista: “Sentimos mucha emoción y orgullo porque sabíamos que era su sueño. Fue algo muy raro porque nos teníamos que desprender de él que era muy nuestro. A su hermano Alan la separación le causó convulsiones y tuvo que ser tratado, fue como que le habían arrancado una parte de él”.

Su familia fue su gran sostén y Lautaro siempre les devolvió tanto cariño y apoyo. Su primer sueldo fue para ellos, y más de una vez aseguró que le encanta poder ayudar a su familia, ver el orgullo que sienten cuando viste la camiseta de la Selección.

A pesar de la distancia, siempre se muestra presente, como cuando hace dos años su hermano menor, Jano, debutó en la primera del club Villa Mitre con tan sólo 14 años. Hoy, es una de las promesas del basquet de la ciudad y según él, Lautaro lo sigue de cerca y le remarca constantemente que debe mantener los pies sobre la tierra.

Jano, hermano de Lautaro Martínez, promesa en el basquet

Otro de los principios de los Martínez es tener en claro de dónde salieron como un concepto primordial: sus vacaciones son en Bahía, con sus amigos, en su barrio y colaborando con el club que lo vio nacer. Incluso hace muy poco, y en plena pandemia de Coronavirus, Lautaro aportó fondos para su ciudad.

El tiempo pasó rápidamente y a pesar de los miedos y las noches de llanto, el querer regresar a su ciudad, fue quedando atrás. Más de una vez, Martínez le agradeció a su amigo Brian Mansilla, quien a pesar de competir con él por un puesto, lo convenció para que no baje los brazos.

Brian Mansilla el amigo del fútbol que lo ayudó a Lautaro Martínez a no bajar los brazos

Lo demás, es historia conocida. Lautaro la rompió en L’Alcudía con la Selección y hasta el Real Madrid lo quiso. Pero firme a sus convicciones esperó su momento de gloria con Racing. Debutó reemplazando a Diego Milito, convirtió muchos goles, se transformó en ídolo, dio el salto al Inter de Italia y ahora la rompe en la Selección y lo quiere el Barcelona.

El chico de Bahía Blanca, el pibe de barrio que no se olvida de sus orígenes ni convicciones ya anda suelto por el mundo. Y no para de sorprendernos. 

 

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