River

Javier Mascherano, seriedad, trabajo y personalidad

El Jefecito marcó un antes y un después en el fútbol argentino. Es símbolo de trabajo y perseverancia, y a pesar de no poder consagrarse defendió de la mejor forma los colores de la Selección y se ganó un lugar en la historia grande de nuestro fútbol.
sábado, 25 de julio de 2020 · 20:05

Javier Alejandro Mascherano nació en San Lorenzo, provincia de Santa Fe. Hijo de Teodolinda y Oscar Mascherano, se crió en un barrio de clase media, de casas bajas y calles casi desiertas a la hora de la siesta, en el que su familia todavía vive.

Desde pequeño comenzó en el club Cerámica San Lorenzo, institución barrial a la que fue de la mano de su padre Oscar, un fanático del fútbol y un futbolista frustrado de las inferiores de Newell’s Old Boys.

Historia de un crack: la vida de Javier Mascherano, desde sus inicios hasta romperla en River y dejar un legado en la Selección Argentina

A sus ocho años asustó a toda su familia diciendo que quería dejar de jugar en el club Cerámica, debido a la falta de compromiso y que muchas veces eran pocos los jugadores para los partidos, el joven Masche ya mostraba los primeros signos de seriedad y compromiso que le gustaba que todos tengan.

A los 10, luego de un año sabático pasó al club Barrio Villa, allí fue descubierto por Jorge Solari, un reconocido jugador y entrenador argentino que ya se desempañaba como ojeador de Renato Cesarini. Javier no lo dudó y desde pequeño se mudó a la pensión en Rosario.

Allí dejó un legado imborrable, que el mismo Solari recuerda y siempre que está en Argentina pasa a saludar y a dar consejos a los jóvenes que se encuentran en la institución. Otro signo más de la personalidad que ya todos conocemos. Además, de haber decidido, a pesar de estar a poco más de 30 km del club, mudarse a la pensión para no tener distracciones con amigos en su barrio. Tras su paso por Cesarini, River Plate le abrió sus puertas.

El volante central que había iniciado como delantero, ya era conocido por su sacrificio, garra y ubicación dentro de la cancha y su talento ya se veía en Selección. Incluso antes de su llegada a Núñez a los 15 años, el Ajax de Holanda quizo llevárselo pero otra vez se vio la coherencia de un niño que prefirió dar pasos firmes en su país.

Mientras sus padres viajaban todos los sábados para verlo jugar, y almorzar junto a su hijo, Javier se consolidaba más y más. La Selección fue su trampolín, algo que marcó a fuego su vínculo con la Celeste y Blanca. Mascherano debutó en el año 2003 ante Uruguay con la camiseta de la Selección mientras en River miraba los entrenamientos muchas veces desde afuera.

El Loco Marcelo Bielsa fue quien decidió jugársela por quien hoy es el jugador con mayor cantidad de partidos con Argentina, campeón dos veces olímpico y finalista de un Mundial y cuatro Copa América. 

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Su ingreso en la Primera de River no tardó en llegar, fue de la mano de Manuel Pellegrini que el pibe que ya era conocido por todos por su juego ante Uruguay, empezará a ocupar el lugar de un ídolo del club: el Jefe Leonardo Astrada. Es por eso que rápidamente lo apodaron el Jefecito.

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Su liderazgo, voz de mando y vocación para ser cabeza de grupo se vio en reiteradas ocasiones. Mascherano será recordado por su agónica salvada ante Robben y su arenga a Chiquito Romero previa a los penales en la semifinal de Brasil 2014 ante Holanda, pero también por toda una carrera de seriedad, compromiso y responsabilidad que transformaron a ese niño en un ejemplo de profesional.  

 

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