Una alegría entre tantas malas. Se le hace esquiva la Champions al mejor jugador del mundo, que no la conquista desde la temporada 2014/15. Y el comienzo de la actual no fue nada prometedor: el peor arranque de liga en 24 años y un empate en la competición europea ante el Borussia, que milagrosamente no fue derrota gracias a Ter Stegen. Pero Messi sigue siendo Messi. A pesar de conseguir un solo título en la 2018/19, sus números individuales fueron inigualables.

Ganó el campeonato local de punta a punta siendo la gran figura del equipo y festejó una nueva Bota de Oro. En Liga de Campeones, dejando de lado la debacle ante el Liverpool, se puso al hombro a un escueto Barcelona y fue el máximo goleador. Si llegó a la final de la Copa del Rey, fue porque debió recurrir al rosarino en los partidos de vuelta para revertir los resultados. Por todo aquello, la FIFA le dio el galardón que nunca había conseguido.

Cristiano Ronaldo corría de atrás, pero Virgil van Dijk parecía un duro escollo: impasable en la defensa Red, había logrado la Orejona con un rol preponderante. Todas virtudes que lo llevaron a quedarse con el premio a mejor jugador de la UEFA hace tan solo unas semanas. Aquí, The Best fue Leo Messi, que le sacó 12 puntos de ventaja en las votaciones. Y se mostró contento.

“Es una noche especial para mí, tengo la suerte de tener sentada ahí a mi mujer y a dos de mis tres hijos. A pesar de lo lindos que son estos reconocimientos, para mí los premios individuales son secundarios, primero está lo colectivo”, sentenció el astro argentino en la gala en Milán. Ahora que coleccionó un nuevo premio, irá por el Balón de Oro. Y sigue sumando…

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