La leyenda del Diego en Nápoles dejó una huella incomparable. Un equipo pequeño del sur tuvo la oportunidad de ganar todo mientras las potencias veían a Maradona triunfar. Scudetto, Copa UEFA, el 10 no escatimó en trofeos. Toda esa potencia, más el carisma que genera cada vez que realiza una declaración, o, en ese momento, cada vez que tenía la pelota en los pies, lo convirtieron en el ídolo máximo.

Pese a no irse de la mejor manera, el ex entrenador de Dorados es un Dios. Por eso es palabra santa y cuando lo nombran en Italia, no hay otro igual. Actualmente, Diego dirige a Gimnasia y Esgrima de La Plata, en un desafío digno de aquellas capacidades divinas que pudo demostrar sobre el terreno de juego: su equipo solo sacó 1 punto tras 7 jornadas y se encuentra en zona de descenso, a 13 puntos del último que se salva.

Mientras tanto, el júbilo que provocó su llegada al Lobo no provocó resultados positivos desde lo futbolístico, pero sí desde lo anímico. Y el destino podría volverlo a cruzar con los napolitanos. En medio de la efervescencia Maradona, dirigentes del equipo del sur italiano se comunicaron con los de Gimnasia, con el objetivo de realizar un partido amistoso entre ambos, que también sería de mutua conveniencia económica. Sin embargo, la meta máxima no sería esa: el ex futbolista de Sevilla no vería con malos ojos cruzar el Atlántico para quedarse allí, con algún cargo que no implique tanto movimiento y que favorezca la recuperación tras la operación en su rodilla. ¿Será posible?

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