“Jugar en River es como estar en un sueño que no termina”

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Son las 10.50 de un sábado de septiembre, en Boulogne, localidad de la zona norte del conurbano bonaerense. El tren Belgrano viaja en uno y otro sentido entre Retiro y Villa Rosa. En el predio que poseen los ferroviarios, cercano a la estación, Wilson Severino, el goleador histórico del ascenso ídolo del club Atlas, se siente como en su casa. Él mismo cita a “El Crack Deportivo” a ese espacio que los trabajadores del tren y sus familias aman, respetan y pasan gran parte de su vida. Rengueando, Wilson explica al cronista que tiene un esguince de tobillo, pero que no le impedirá jugar un partido al día siguiente. “No me lo pierdo ni loco. Me infiltraré y listo” sentencia el cordobés nacido un 25 de febrero de 1980. Sean amistosos, por competencia, retirado o en carrera, el ahora ex- delantero manifiesta con palabras que si fuese por él, viviría dentro una cancha. Luego de resolverle temas administrativos a gente del predio, Wilson comienza a contar su historia de vida.

Entrevista Wilson Severino

  • Contame un poco tu vida de chico allá en Córdoba. Cómo la pasaban, como estaba la familia. Y cómo empezaste a jugar a la pelota ya desde chico.

– El recuerdo patente que tengo de mi infancia, de lo más chico -creo que habrá sido desde los 5 a 6 años- es jugando a la pelota. Cancha en la calle y de pronto aparecía una pelota, poníamos los ladrillos parados para los arcos. Mi recuerdo pasado es jugando a la pelota. Y es un recuerdo que me encanta porque gracias a Dios me hace feliz. Eso fue en el Barrio Argüello de Córdoba. Hijo de madre salteña, papá brasileño. Mi papá se llama Wilson Severino. Y yo me llamo Wilson del Valle Severino. Porque mi mamá justo pasaba de viaje por Catamarca y yo iba a nacer en Catamarca. Mi mamá le hizo una promesa a la virgen del Valle y viste como era la gente de antes: chau, me enchufaron el nombre. Mi papá se separó de mi vieja cuando yo no había llegado al año de vida y después no supe más de él hasta hace un año atrás. Entonces, con mi vieja hasta los 5,6 años estuvimos solos y se cruzó con otra pareja. Y ahí cambió un poco la vida esa que tuve con ella que era yo y mi mamá. Que era el mundo. Empecé a perder un poco el amor de esa mamá porque encontró otra pareja, era normal. Tengo cuatro hermanos maravillosos y ahí arranqué mi crianza en Córdoba. Fue media complicada la relación con mi padrastro. Yo vengo de la época cuando te decían: a las 5 de la tarde, 6 de la tarde tenés que volver a casa “sí o sí” y vos sabías que ibas a volver tarde. Y sabías que cuando volvías te iban a cagar a palo (sic). Pero vos te quedabas igual. Era tanta la alegría, tanto el amor que te generaba que vos sabías que por quedarte una hora, una hora y media más te iban a cagar a palo, pero uno se quedaba igual. Yo te digo porque el 90 por ciento de los que juegan a la pelota lo sienten de esa manera. El tema es que lo que te daba el fútbol, seguramente hoy se lo da quizás la Playstation a los chicos, o la computadora o el celular o todo lo que está en la tecnología ahora, con lo que renegamos los padres. Me encantaría renegar con mi hijo porque se queda una hora más jugando a la pelota.

  • Y vos ya de chico cuando jugabas con tus amigos en la calle, cuando volvías tarde a tu casa … ¿Qué pasaba por tu cabeza? ¿Ya estaba ese bichito de decir: quiero jugar profesionalmente?. ¿O en realidad disfrutabas el día a día y no te ponías a pensar?

Y… yo te estoy hablando del año 87´ en adelante. Córdoba. Capital en la casa de mi vieja y provincia en la casa de mi tío donde transcurría mi vida según las peleas que tenía -vivía en un lado o en otro- pero te quiero decir, en esa edad se disfrutaba. Yo no sabía lo que era, a los 7 u 8 años, la Primera A. Ni cable teníamos. Nos enterábamos por ahí de los equipos grandes: de River, de Independiente, de Racing … si los pasaban en aire. Pero no teníamos es como ahora que prendés y tenés todo… la Champions, todo. Entonces tu devoción es jugar, vos querés jugar y que se arme el picado; y si venía el equipo del otro Barrio éramos más… Antes que pensar en jugar en Primera, yo pensaba en jugar en el equipo grande del barrio. El barrio tenía su equipo y yo miraba para arriba a esos jugadores. Y eran mis jugadores de River, por así decirlo. Eran mi Selección. Mi ídolo, yo siempre lo cuento, juega en el barrio. Es un jugador de barrio. Claudio, le decían bebé, y era máquina. Y yo … como abracé a (Leonardo) Ponzio en ese momento, cuando era chico él (Claudio) jugaba en el barrio y no lo paraba nadie. Y cada vez que la pelota se iba afuera yo iba corriendo y le entregaba la pelota a él porque él era mi ídolo. Le buscaba botellas, las llenaba con agua y se las llevaba a él. Y yo miraba para arriba y decía: “algún día voy a tener la camiseta del equipo del barrio” … por eso salía a correr, por eso entrenaba. Entrenamientos que no entendía nada porque salía a correr y hacia flexiones y hacia abdominales y pensaba que era eso. Pero tenia 10, 11 años… eso era el fútbol para mi. Es el amor mas sano que existe. Con eso me crié, el fútbol en esos momentos a una persona como yo que no tuvo a su papá, que renegó mucho de la vida que mi color de piel, que soy negro … y sufrí mucha discriminación. Además pobre, más discriminación. El tema de las zapatillas, la ropa, todo eso. Y el fútbol adentro equiparaba todo. Es más, hacía que yo saliera beneficiado porque jugaba bien. Y el fútbol me llevaba a otro nivel. Y eso pasaba cuando estaba en una cancha. Cuando salía de la cancha me golpeaba con el tema de la vida y tenía los quilombos familiares. No sabia si dormía en mi casa o en la casa de mi tío o donde me querían llevar…y que no tenga para comer, y las zapatillas que estaban rotas. Me me preocupaba fuera de la cancha, adentro de la cancha no importaba si estaban rotas, sanas o lo que sea.

  • Al ser consultado por su migración a Buenos Aires, Wilson relata que había estado dos veces de chico, viviendo con su tío y nunca se pudo adaptar. Por lo que volvía siempre a Córdoba. Hasta que tuvo que hacerse cargo de una responsabilidad mayor a los 20 años…

– Mi tío tuvo un accidente, lo choca un auto y le rompe la clavícula y la pierna, y le tienen que poner prótesis todo eso. Queda internado en el hospital Español. Estuvo como tres meses internado ahí y le hacía falta alguien que lo cuide; y el único que estaba al pedo por allá era Wilson. Y mi tío se había portado bien conmigo desde que llegué (al referirse a las primeras veces que estuvo en Buenos Aires). Me había llevado a Munro que en esa época era el shopping mas grande, tenías botines, ropa, todo una galería gigante. Y me había vestido como nunca: un par de botines, de ropa, me alimentó bien, me enseñó un par de cosas … yo lo respetaba porque me cagaba a piñas, era un chabón grandote y me ponía los puntos que no me podía poner mi vieja. Lo respetaba más porque vivía solo y yo con el, tenía un montón de amigos y esas cosas. Lo respeté y estoy agradecido. Bueno, cuando le pasó eso (el accidente) me dijeron a mi, me sacaron el pasaje y me vine. Lo cuidaba desde las 12 de la noche hasta las 12 del mediodía. Y después otro primo de Salta lo cuidaba de las 12 del mediodía a las 12 de la noche. Y ahí conocí a un tucumano, a un amigo del barrio. Otro tucumano cerrado, cuartetero, enojado con la cumbia con todo esto y entonces nos fusionamos. Y un día empezamos a salir a bailar y esto, lo otro y me empecé a quedar y pasaron los meses. Los hice escuchar cuarteto a toda la cuadra. Ambienté el lugar a mi modo y jugaba a la pelota con todos ellos. Ya tenía casi 20, 21 años. Y llego al Atlético Boulogne. Habíamos ido a jugar a una villa que se llama Carcoba que esta acá atrás y en una definición por penales que estábamos pateando … el rival erra el penal y vienen y le pegan un tiro en la rodilla. Había mucha plata apostada.

  • ¿En el partido?

Sí, en la definición por penales. Erra y vienen y le pegan un tiro. Y con los dos pibes que yo iba a jugar me dicen: “No, no vamos mas nosotros negro”. Y bueno … a mi me venían a buscar todos los findes de allá

  • ¿Y que hiciste en ese momento cuando viste eso?

Es como … mirá. la última sensación que tuve que me dio bronca fue cuando venía en el tren y veo a un arrebatador, a tres metros mío, como le arrebataba el celular a una chica. ¿Y viste cuando tenés que reaccionar y te quedás como sorpendido? Como que la sorpresa te inmoviliza, diciendo: “Che. ¿Cómo pasó? Tendría que haber tenido una reacción rápida, le meto un gancho y le saco el celular”. Bueno eso me pasó, me quedé sorprendido, sin aire. Pero no era que estaba el pateador de ellos, yo, y el que le pegó el tiro. Estaba lleno de gente alrededor de la pelota y yo vi como el chabón se fue rengueando y el campeonato siguió como si nada, natural. Y bueno después los dos pibes que habían venido conmigo a jugar ahí, no querían ir mas. Y a mi me venían a buscar todos los findes y yo me hacia una re moneda. Después se armó otro quilombo con un chabón más groso, que ya corrían adentro de la cancha con fierros, paraguayos, ya se había podrido mal. Y justo estos pibes estaban jugando en Atlético Boulgone me dicen un viernes: “Negro, vamos. Último día de prueba, van a cerrar el fichaje para los jugadores”. Y digo “pero si yo no fui nunca, ¿Ahora voy a ir?”. “Vamos” – me dicen, “cuando te vean te van a querer, ya les hablamos de vos”. Y fui. Hice práctica y al toque el chabón me habló, me anotó y quedé en el Atlético Boulgone . Arranco ahí, tenia 11, 12 partidos, había hecho como 14 goles en la liga de Esscobar y de esos tenía como 9 de cabeza. Y así llegue a (Villa) Ballester. Ahí juego un año y medio, buena campaña que me cuesta seis meses por el tema de que no entendía el off-side. No lo había jugado nunca. Y quedaba adelantado media cuadra y no me la daban; y los re puteaba. Nunca entendía lo que había que hacer. Hacía prácticas sin saber que estaba manejado el off-side. Hasta que me lo hicieron entender … lo que sufrí con eso. Cuando entendí le agarré la mano, hice los dos primeros goles para Ballester en cancha de Colegiales contra el CAU de Zárate. Y ahí no paré. Gracias a Dios no paré.

  • No paraste y en un momento llegaste a Atlas

Antes, cuando yo empiezo en Ballester, jugamos contra Armenio. Vamos a jugar un amistoso y yo iba para el segundo equipo. Juego y les pegué un peludo a Armenio… Ahí viene el hijo de Noray Naki, algo asé, el presidente. Le dice al técnico que me ponga en el equipo A de nuevo. Viene el técnico y me dice: “¿Te animás a jugar de nuevo?” –“Sí” . Y jugué, desparramo de acá para allá y me dicen: “Mirá que están hablando los presidentes, después te van a llamar seguro”. Bueno, después estaba en casa y me llaman “Che Wilson nos encantaría que vengas a Armenio a jugar, que esto que el otro”. Y digo: “Yo no hay problema”. Pero con Ballester jugábamos en el Ceamse, me iba a en bicicleta, o me colaba en el Bondi, o por ahí alguien me llevaba a entrenar. “¿Sabes lo que pasa? Ustedes están allá” le digo (refiriéndose a la lejanía de los entrenamientos de Deportivo Armenio). “Por acá me manejo” (sigue) “pero hasta allá no llego. Tengo que salir, tomar un Bondi…” En ese momento le pedí creo que 700 pesos por mes. No te quiero mentir, algo así. Me dicen “no pero no te podemos dar … “. “Uh es un bajón, no puedo”. Si no me querés dar un viático tampoco es que me querías tanto (ríe). Y quedó ahí, no pasó nada. Arranco la segunda etapa en Ballester y de ahí me voy a Atlas. Primer campeonato: una banda de goles. Y me llama Noray Nakis, el papá (el presidente de Armenio). “Soy el presidente de Armenio, te quiero traer, soy dueño de todas las joyerías de la avenida libertad, en Capital (…) lo que te haga falta” yo me acuerdo que venía del Unicenter con mi señora y tenía una calentura. Le digo: “Amigo, yo hace un año estuve ahí en tu club y tu hijo no me quiso dar 700 pesos para el viático”. “¿Cómo?” responde. “Sí, eso pasó”. (Relata la respuesta del presidente) “¡No! ¡No me digas! Ahora yo te ofrezco … ”. “No” (responde Wilson) “Ahora no quiero nada” ¡Pum! Y le corté. Y tenía como cinco llamadas del chabón y no le quería contestar.

  • Tenés carácter …

Sí, eso por resentido de la vida desde chico. Yo con la pelota me defiendo hasta del presidente (risas).

  • Tenías la chance, cuando te llamaron, de saltar dos categorías y de cobrar un sueldo por el fútbol …

Y que sea un salto. Y que capaz que si me pedías una nota te decía que No. Y estar como millonario viviendo en la Horqueta, que se yo. Capaz hubiese sido un arranque terrible … pero yo no estaba trabajando todavía en el ferrocarril. Y eso fue lo que me frenó (trabajar luego en la empresa Trenes Argentinos) porque después tuve un montón de chances: Flandria, Platense, Estudiantes de Buenos Aires. Pero… ¿Qué pasa? Soy un chabón que no terminó su secundario y había entrado a trabajar en el ferrocarril, y tenía un re sueldo. Y ahí era donde no podía apostar. Pero me decía: “Che, si voy a la B te piden que no trabajes, tenés que ser profesional, cuidarte, una máquina”. Y yo tenia mi señora y a Joel, al nene. ¿Y cómo hacés? Y tampoco el sueldo era lo que me daban en el ferrocarril… era la mitad. En el ferrocarril estaba ganando muy bien, y eso era lo que me hacía dudar: Si no me va bien ¿Cómo vuelvo yo, sin secundario a recuperar el trabajo? Que ahora un poco más te piden que seas científico para entrar al ferrocarril. Antes no. Yo entré de barrendero y era el que quería barrer, venia. Y entré. No pedían secundario. Pero ahora no: tenés que tener secundario completo y suerte.

  • ¿Lo pudiste terminar después al secundario?

No. Es una cuenta pendiente que estoy teniendo. Lo tengo que hacer, pero como tenía mucho quilombo con las divisiones y todo eso se me complicaba. Yo me acuerdo que renegaba con las divisiones. Yo aprendí a jugar al futbol. Osea, la matemática… nos vemos en Disney (risas).

  • ¿Ese fue tu plan de vida se puede decir? ¿Jugar porque te encantaba y al mismo tiempo poder mantener este trabajo?

Sí. ¿Además este trabajo sabes lo que me daba? Me dejaba jugar. ¿Y sabés cuantos compañeros vi que dejaban de jugar y los he visto llorar por el tema de que tenían que trabajar 12 horas y no podían ir a entrenar?. Les dolía en el alma: “Y ahora soy papa, y tengo que cuidar a mi hijo, y la obra social y ya no me pueden bancar más mis viejos o mis suegros”. La categoría no te da ni para mantenerte en el viático. Yo era goleador y tenía una plata más, pero al común… imaginate jugar en la D, los que son suplentes de la D, la reserva de la D. Más que recontra a pulmón. Porque de última los que juegan en Primera, si no te pagan, bueno, por lo menos estás jugando en Primera, salís en Olé, salís en Crónica, te nombran en alguna radiecita (sic) porque estas jugando en Primera. Y bueno… te desgastás pero jugando en Primera. O ganás poco pero jugando en Primera. ¿Y el que va al banco? ¿Y al que no lo citan? ¿Y por ahí se come toda la pretemporada y quizás jugo dos partidos? Eso también es respeto. Eso capaz que es más amor de lo que yo siento porque yo gracias a Dios desde que jugué nunca fui suplente . Y ese pibe que en el año se bancó todo el proceso para meter dos o tres partidos, ni de titular sino minutos… y sigue insistiendo…

  • ¿De Primera alguna vez te llamaron, levantaron un teléfono por vos?

Mirá, lo más cerca que estuve de Primera, lo mas grande, fue una charla con Caruso Lombardi. Yo gané el premio Alumni tres veces, mejor jugador del ascenso. En una lo cruzo a Ricardo y me dice: “Me tienen podrido con vos, Wilson. Todo el mundo me habla de vos. Vamos con Tigre a Mar del Plata (hacían la pretemporada alli). Te venís conmigo a Tigre, te veo, te analizo. Conmigo tenés que andar. Todo el mundo me habla de vos. Y si no llegás a andar conmigo, la pretemporada que vas a hacer conmigo te va a servir para jugar en cualquier lado”. Bueno, hablo en el trabajo… ellos se iban como 20 días de pretemporada; y me dijeron: “No, no te podés ir”.

  • Era mucho tiempo…

“Es mucho tiempo, es tu trabajo”. Encima yo en esa época todavía no llegaba ni a los 15 días de vacaciones como para manejarme con eso. Y en el trabajo, en una empresa tan grande como el ferrocarril, vos te podés cruzar con jefes copados que les guste el fútbol, o con jefes que realmente les chupe un huevo el fútbol y te digan “Mirá, yo juego al golf o no juego a ningún deporte y a mi me hace falta que vos vengas a laburar. Y después aparte lo otro”. Y son entendibles, aunque te duela, las dos formas. Y después estaba Atlas que tironeaba, y si por ahí alguien venía y me ofrecía de equipos de otras categorias. Los de la D me venían a buscar todos, duplicándome el sueldo, con todas las comodidades. Hasta inventaban: “Acá va a venir un Reality, Wilson, si vos venís para acá” pensaban que iba a llevar el Reality para su club si yo iba. Era una luz que yo no la veía y que ahora de grande me doy cuenta que en un momento fui un tipo sobresaliente de la categoría con cierta fama o popularidad que movía. Pero yo no me daba cuenta , vivía entre el trabajo y jugar. Laburaba ocho horas en el ferrocarril, dormía cuatro y al otro día a entrenar, jugar, entrenar, jugar. Y por ahí no me daba cuenta del humo que creaba la televisión. De la historia de los pibes, de la historia mía, de Atlas, los resultados, el partido, el contagio de la gente. Y ese globo cada vez crecía más. En ese crecimiento venían los clubes de afuera. Eso es lo que me paso con Caruso. Y a Caruso le digo: “Ricardo, si a mí no me llega a ir bien acá con vos, pierdo el trabajo. Y si pierdo el trabajo ahí esta la leche, el yogur los pañales del nene, la plata del alquiler de la casa y el futuro”. Yo con el ferrocarril podía proyectar algo que, por como me crié, nadie se podría creer que tenia la posibilidad de proyectar. Y con el fútbol podía proyectar como compré mi heladera, mi tele, mi cama. Pero como fuimos creciendo con la familia, con mi señora, eso se lo agradezco al ferrocarril. Esa estabilidad me la dio el ferrocarril. Osea, vos yendo a trabajar, cumpliendo tu horario y portándote bien como cualquier trabajador, mantenés tu laburo y tenés una cierta proyección. Y yo me aferré a eso más de que el fútbol me salve.

  • ¿No te arrepentís de las decisiones que tomaste?

No para nada. Mi hijo está grande, bien formado, va al colegio, tiene sus zapatillas, nadie me lo va a discriminar porque no tenga para comprarse una coca, o no tenga sus zapatillas, su educación para defenderse de alguna discriminación… Y así mis tres hijos: Joel, Macarena y Gabriela.

  • Me habías dicho al principio que no supiste más de tu padre y volviste a saber de él recién un año atras. Contame como fue eso

En enero del año pasado me escribe una mujer, cincuentona (la hijastra de su padre). Me escribe al Facebook y al instagram: “Wilson, me hace falta contactarme con vos. Conozco la historia de tu papá”. Ya me había pasado un par de veces eso y yo pensé que era por el tema de la fama. Muchas veces me habían enganchado y era humo nada más. Bueno, me había llegado el mensaje y le digo: “Mire por favor, no se embarque en algo que me va a lastimar”. Porque la verdad es que yo con todo el resentimiento que crecí de la sociedad y las cosas que me han pasado, mi desahogo era poder gritarle un día a mi viejo todo lo que me había pasado y culparlo. Para mí, él era el culpable de todas mi desdichas. Cuando se muere mi abuelo, el papá de mi mamá, tenía muchas fotos de mi tío, mi vieja, todas esas cosas. Y entre todo eso encuentro una foto de él (su padre)… y yo la rescato porque no tenía fotos de mi papá. Entonces la señora me dice: “¿Vos no me creés? te voy a mandar fotos. Y me entra a mandar fotos. Entre 30 que me mandó, me mandó la misma que tenía yo de mi viejo. Y ahí le creí. Ella vive en Chubut y me empieza a contar: “Tu papá esto, a tu papá lo quería todo el mundo, tu papá era re bueno, humilde, tenía un corazón, se reían todos con él, se divertían, era un pan de dios, a mí me crió como si fuese su hija”. Cuando la mina me tiraba flores (a su padre), yo le contesté como 3, 4 veces que para mí era la mierda, de resentido yo. Y ella me dijo: “Mirá, yo no soy tu papá, yo tan solo te estoy contando”. Ahí le deje de hablar como una semana. Después cuando carburé le mandé un mensaje y le pedí disculpas. Y ahí me contó que mi papá no había vuelto a ser papá (después del nacimiento de Wilson) y había sufrido mucho por el tema de que se había alejado de mí; “y que hasta el día que murió” –me dice. Y yo estaba esperando que me diga: “Tu papá esta en tal lado”. Y fue un bajón enterarme que mi viejo estaba muerto. No estuvo bueno pero también cerró una etapa en mí de un día encontrármelo. Mi viejo volvió para la Argentina y murió en Santa Fe hace 20 años. Y dije, un día que cobre valor voy a ir al cementerio porque eso también te sirve. Todavía lo tengo dando vuelta en la cabeza y quizás lo haga. Es una mochila adentro mío que la acomodo en algún lugar. Algún día tengo que ir y si esta ahí todavía, terminar de decirle todo a esa persona.

  • ¿Cuál fue tu momento mas feliz en una cancha? O si querés poner alguna situación de vida fuera del fútbol…

-Es un poco difícil de creer que momento feliz es cada vez que yo entro en una cancha. La explosión que fue mi carrera, ponele que le diga carrera a mi vida, fue lo que paso con River. Con Ponzio. Por todo lo que era el recorrido, mas allá de que Leo es un tipo admirable como persona, jugador, referente. A eso sumale la carga emotiva con la que yo corría. Me hablaron todos porque sabían que era mi último partido y recibí mensajes de todo tipo. Ni hablar después del partido, se quintuplicaron los mensajes.

  • ¿Te quedó algo pendiente en tu carrera? ¿Sueño u proyecto que no pudiste cumplir?

Yo diría no poder ascender con Atlas. Se dejaron grandes lágrimas mías y de mis compañeros. Hemos sufrido mucho. La gente… bueno, he escuchado muchas boludeces ¿Sabés lo que sufríamos con mis compañeros, con el técnico (Néstor) Retamar, con el búfalo (Guillermo Szeszurak) que también pasó por ahí… Era todo real lo que se vivía ahí adentro. Hemos perdido 4, 5 finales y lo sufro por la institución, los hinchas genuinos o los directivos.

  • Tu vida después de tu carrera… ¿Quién te contacta de River? ¿Cómo llegaste a jugar ahí en el Senior? Que me imagino también es todo un logro…

Me contacta uno de los muchachos de la hinchada, “Cachuma”. Después habla con el parrillero, el parrillero se tomaba el tren y se bajaba en Torcuato. Después se entera Mario Argenta que maneja el Senior de River y es el que me contacta por teléfono y me manda la invitación. Cuando me lo dice, le corto el teléfono, como que me estaba cargando. Después me vuelve a llamar. Me dicen “Vení, te invito a jugar un paritdo, está este, este (en referencia a los jugadores que River ya tenía en el Senior). Y yo recontra agradecido dije que sí. No sé si ellos pensaban que como yo había jugado en el ascenso, jugaba. Y me vieron jugar, hice un gol. Lo conocí a (Ariel) Ortega …

  • Conociste a tus ídolos

– Sí. Los que yo veía en la tele, vos escuchabas en la radio. Las camiseta que tenían el número 10… los tenía en el vestuario, al lado. Una cosa de locos. No hay palabras para describir lo que siento el día de hoy. Uno trata de explicar con palabras pero esas palabras en el diccionario no están. Más que con palabras, es como lo contás. Pero este River es una cosa de locos, es como que te metieron en un sueño que no termina, es de lunes a lunes el sueño más largo y la paso genial. Lo conocí al Beto Alonso, Hená Díaz, al “Mencho” Medina Bello, Ramón Ismael, el “Flaco” Passet, (Javier) Sodero, el “Rayo” Menseguez, “Malevo” Ferreyra, Guille Rivarola, “Pepo” Morales, Mareque… máquinas.

  • Y vos hincha de River…

– De toda la vida. Además, vos me contabas cuando era chico o estaba jugando en Atlas: “Che, vos cuando terminás vas a jugar este partido (contra River) va a ser tu despedida y después vas a jugar con estos monstruos”. Es más difícil que sacarse la lotería. Me lo dicen todos los hinchas de River: “Loco, vos cumpliste el sueño de todos los hinchas. Lo que te pasó a vos… daría un brazo porque me pase la mitad de lo que te paso a vos. Vos compartís con ellos, vos vivís con ellos”. Yo le doy un pase Ortega y él me lo devuelve. O hago un gol y lo abrazo a él. Y no me hace falta que lo estén televisando ni nada de eso. Yo lo estoy viviendo. Y como te tratan, que todos te conozcan, el “Malevo” Ferreira el otro día me dijo: “Amigo ¿Sabés cuantas concentraciones vi del programa? Y vos sos Wilson. Que ellos me digan a mí, porque ellos consumieron Alas la otra Pasión. Para el ambiente del fútbol de Primera no es que soy un pibe que me tengo que presentar. Y yo me caigo desmayado cuando ya saben mi nombre.

  • Lo último: ¿Qué consejo le darías a un pibe que está pasando la misma situación que vos cuando eras chico o a cualquier otro que tenga mas acercamiento en Primera… en general, a ese pibe que esta en su carrera (15, hasta 20 años) Qué consejo le darias?

-Cuando presenté mi libro estuve en la Rural y había pibes de las inferiores de Boca, de Racing de San Lorenzo y Vélez. Yo los miraba, y me preguntaban de todo, y yo les decía: ¿Ustedes se dan cuenta de los escudos que tienen en el pecho? Les digo porque seguramente muchos de ustedes reniegan porque van al banco o no lo citaron. ¿Y ustedes se dan cuenta donde entrenan, la ropa que llevan puesta, quieren que les cuente donde jugábamos nosotros? ¿O cómo son las inferiores de un equipo de la D, o de la Liga, o un regional?

Les dije que, no me acuerdo bien mis palabras en ese momento, pero los hice sentir que tienen que estar agradecidos de la situación que están pasando. Ellos agradecidos porque Dios capaz les acortó el camino, o les da muchas mas chances que a otros. Tienen que aprovechar esa oportunidad de la brecha un poco más corta del que viene del ascenso o de la Liga. A ellos ya los están preparando a un nivel elite, con los mejores entrenamientos. Fue para que puedan entender que no renieguen y que si siguen un poco más, seguramente van a ir a entrenar con más energía y darse cuenta de un montón de cosas. Y que si lo llevan eso dentro, para el crecimiento le iba a servir mucho más.

Y al pibe que me decías primero… Yo le preguntaría al pibe y el me daría la respuesta a mí: ¿Qué esperás del futbol? A ese pibe que vos querés que yo le de un consejo, yo antes de darseló le pregunto: ¿Que esperás vos del futbol? Si esperás que te de plata, que te salve, si lo vas a jugar por eso, y… estás tirando una moneda y es muy difícil que salga a tu favor. Si querés todo eso por comodidad o te gusta la plata: estudiá, hacé una carrera, formate que te va a garantizar muchas más posibilidades que en el fútbol.

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