Se fue la Generación Dorada y la duda era si la nueva camada de jugadores podría continuar con el gran legado que dejaron aquellos cracks. No solo lo lograron: lo hicieron con creces. El objetivo primordial era clasificar a los Juegos Olímpicos del año que viene. Terminaron en la final de un Mundial, y pasando por arriba a potencias europeas que eran candidatas.

Después de la gran victoria ante Serbia del martes pasado, se venía otro duro escollo: Francia había dejado afuera al temible Estados Unidos. Otra vez, hicieron un partido completo. En defensa, duros e insoportables. En ataque, Luis Scola volvió a demostrar por qué, con 39 años, sigue siendo el líder -y no sólo espiritual- de una Selección histórica. Su show de triples, otra magnífica actuación de Facundo Campazzo, que terminó extenuado pero que, en el peor momento del partido, metió un tiro espectacular para pasar a ganar por 7 en el cierre del primer tiempo.

Argentina comenzó encendido, casi como en todos los partidos anteriores. Cerró completamente la zona de la pintura y mantuvo fuera de juego a Fournier y a de Colo, los dos más desequilibrantes en partidos anteriores, de nivel NBA. Y al pivot de Utah Jazz, Rudy Gobert, lo neutralizó a tal punto que solo logró tres puntos en su cuenta personal. Un conjunto colaborativo y claro, tanto que ni los cambios del Oveja Hernández cambiaron la ecuación: el que entraba, marcaba por igual. Una vez que tomó 15 de ventaja, únicamente restaba festejar.

La Selección disputará el domingo a las 9 ante España su tercera final en la Copa del Mundo: en 1950, se alzó con el título en el Luna Park tras vencer 64-50 a Estados Unidos. En 2002, perdió con polémica en Indianápolis ante Yugoslavia por 84-77. Ahora, tendrá una nueva oportunidad. Pero ya quedó en la historia del básquet.

Artículo anterior¿Cargada a Boca?
Artículo siguienteEl difícil presente de Silvio Romero

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí