Fútbol

"Los milicos me secuestraron, me robaron y no me mataron de milagro"

Leopoldo Luque contó por primera vez el dramático momento que le tocó atravesar un año después de haber sido campeón del Mundial del 78.
viernes, 10 de julio de 2020 · 12:00

El título del mundial de 1978 celebrado en nuestro país mientras se desarrollaba la dictadura militar, uno de los momentos más oscuros y nefastos de la historia argentina, siempre es minimizado o menospreciado por esa situación. Desde el supuesto soborno a los peruanos para que Argentina ganara o que el plantel tenía contactos con los militares.

 

Leopoldo Jacinto Luque, delantero goleador y una de las figuras de esa Selección tuvo una larga entrevista con Diario Clarín y contó los pormenores de ese entonces. 

 

"Ne da bronca cuando dicen que salimos campeones gracias a la dictadura. Dicen que andábamos con los milicos y a mí los milicos me secuestraron, me robaron y no me mataron de milagro", aseguró Luque que temió por su vida. "Ya te digo: cuando empecé a caminar y a encarar para el descampado, en mi cabeza solo esperaba el sonido del disparo, el ‘¡Puum!’ que me matara". 

 

El dramático episodio sucedió un año después de la consagración en el mundial, cuando jugaba para River. Según narró Leopoldo, luego de ir a ver un partido de sus compañeros de la Banda al Monumental, se dirigía a su casa y a punto de llegar vio por el espejo retrovisor de su auto que otro vehículo lo seguía a gran velocidad. 

 

Al percatarse de la situación el miedo se apoderó del delantero que dobló para su casa y otra vez, el auto que lo seguía dobló con él. Ante este movimiento tomó la decisión de dejar pasar al vehículo. A los pocos metros, el otro automóvil se detuvo abruptamente y allí arrancó lo peor. 

 

"Veo que se baja un tipo corriendo. En una mano levantaba una chapa de Policía y en la otra tenía una pistola. Se me acerca y me pide los documentos. Yo le dije que sí, que se los daba. No entendía nada. Los tenía en la guantera, dentro de un sobre. Y el tipo me amenaza: ‘Quedate quieto porque te arranco la cabeza de un tiro’. En ese momento, otra persona entró por el asiento del acompañante, abrió la guantera, agarró todos los papeles que tenía y se me sentó al lado”, afirmó.

 

Cuando lo interceptaron, lo obligaron a pasar al asiento de atrás de su auto y allí fue guiado sin rumbo fijo por sus captores: “Yo estaba acostado atrás y lo único que veía era el reflejo de la luz de afuera. Hasta que quedó todo oscuro. Se habían metido por el medio de un campo, era una cosa terrible. El que me apuntaba, me decía: ‘no levantes la cabeza porque te la vuelo’. Hasta que en un momento indican: ‘Ahora bajate’. Y me bajé. Recién ahí me di cuenta de que estaba el otro auto que los acompañaba”.

 

La siguiente orden fue que camine y en un intento de supervivencia Luque arrancó para el lado iluminado que daba a la Panamericana, pero rápidamente llegó la contraorden: "No, para el otro lado. No te hagas el pícaro". 

 

Lleno de terror, Leopoldo sigue narrando la historia que más de 40 años después transmite a flor de piel sus sentimientos en ese entonces: “Y me fui caminando por el descampado. En ese momento apreté los dientes. Sentía que iba a venir el disparo, que iba a ser boleta. Caminé, caminé, había yuyos… Hasta que siento que se va un auto; me doy vuelta y era el mío. Y me quede ahí. Respiré”. Finalmente, el episodio solo quedó en un robo y no tuvo que pagar con su vida. Además del auto, le habían robado plata, una cadenita y un anillo.

 

La travesía por volver a su hogar fue larga. Luque regresó sobre sus pasos hacia la Panamericana y trató de pedir ayuda, sin embargo, los dueños del único establecimiento abierto, un cabaret, le dijeron que no le podían prestar el teléfono para no tener problemas futuros. Allí siguió caminando hasta salir a la autopista. Haciendo dedo, un conductor lo reconoció y lo llevó hasta su casa. Y comienza la segunda parte del relato.

 

A pocas cuadras de su casa tenía una comisaría y fue a hacer la denuncia. Hasta ese momento, el hecho había sido un robo y nada más. Pero el comisario le aseguró que, por las características que mencionaba, sus captores habían sido militares.

 

Dos meses después lo visitó un patrullero: habían encontrado su auto. 

 

"Yo ya no quería saber más nada. Me obligaron a ir y dijeron que había algunos sospechosos de haber sido quienes me asaltaron. Tuve que hacer el reconocimiento por una mirilla. Yo los veía, pero ellos no me veían a mí. Hasta que en un momento, cuando van rotando a uno de los sospechosos, lo ponen de perfil y me doy cuenta de que sí, era él. Y era un milico. Pero no dije nada. No sé, me dio miedo, pensé que sería peor", afirmó.

 

Por último, Luque aseguró que el plantel de la Selección no tenía idea de las atrocidades que cometían los militares mientras todos estaban distraídos con el fútbol. Para colmo, la ESMA, uno de los centros clandestinos de detención, quedaba muy cerca del Monumental. 

Leopoldo Luque recordó un tenebroso episodio que le tocó vivir en los tiempos de los militares en Argentina ya siendo jugador de River y la Selección Argentina

“Nosotros no nos enteramos de nada. Con el tiempo supimos que tiraban los cuerpos al agua, que secuestraban niños, que mataban, que torturaban. Pero como hacían eso también tenían todo controlado. No es que no lo sabíamos nosotros, no se decía nada, no lo sabía nadie”, aseguró.

 

Solo una vez, tuvieron un indicio de lo que sucedía, pero no pudieron hacer nada: "En el micro en que nos movíamos, siempre venían con nosotros tres oficiales del Ejército. Iban vestidos como jugadores, se sentaba uno adelante, otro en el medio y otro atrás. El micro tenía una radio Motorola y por ahí recibían las órdenes estos policías. El día del debut, cuando estamos yendo a la cancha, se escucha un ruido en la radio. Se mete una voz que dice: “Muchachos, a los jugadores les hablo. No jueguen, no se dejen usar por estas basuras, están matando gente”. Y enseguida salta uno de estos tipos y dice: “Apague esto por favor”. Me acuerdo que se hizo un silencio temeroso. Y pensábamos por dentro: “La puta, ¿qué estamos haciendo?". ¿Y a quién le creés? ¿Qué es lo que pasa?".

 

Un duro relato de un momento nefasto de nuestro país, que esperemos que nunca más se repita.

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