No debe haber una mejor experiencia para un fanático del Xeneize que ser futbolista y convertir un gol con el equipo de tus amores. Y, más aún, si sirve para eliminar a tu clásico rival en la Copa Libertadores. Eso mismo logró Pablo Álvarez en la edición 2004, cuando, en la tanda de penales, marcó el suyo siendo un juvenil que daba sus primeros pasos en la institución y, de yapa, clasificó junto a sus compañeros a la final de aquel torneo, en el que perdería la final con Once Caldas.

Hoy, el defensor es jugador de Arsenal de Sarandí, pero la pasión azul y oro no claudicó. A sus hijos, sin embargo, les dio la libertad para decidir, pero lo hicieron al revés: ambos son hinchas de River y, de vez en cuando, los lleva al Antonio Vespucio Liberti.

Eso mismo contó Álvarez en una entrevista con Sector Bostero, de Radio Monk: “Soy amigo de Pinola y mis hijos son de River. Entonces, cuando puedo darles la posibilidad de llevarlos, lo hago. Obvio que todo encapuchado, pero el rol de padre es así”.

Sin embargo, el ex Racing se animó a dejar un recado a los fanas de la Banda y lanzó una chicana: “Dicen que había 70 mil personas, pero yo estaba en la platea y no sentía nada. Eso sí, sentía frío, mucho frío. No sé si era la noche o qué… Yo sentía frío en esa tribuna”.

A su vez, el lateral elogió a Gustavo Alfaro, quien fue su técnico en su paso por Huracán, y resaltó que el planteo del entrenador fue eficaz, ya que River no generó situaciones claras de gol.

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